domingo, 4 de diciembre de 2011

LA PALABRA DEL SEÑOR JESÚS ES VIDA Y MEDICINA

Cortesía : Enrique Ibarra
 
 
Proverbios 4:18, 20-22; Salmo 107:20; 119-105; Deuteronomio 6:6-9
Más la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto. Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón; porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo.

Envió su palabra, y los sanó, Y los libró de su ruina.

Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.

DECLARACION DE FE DE ACUERDO A LA PALABRA DE DIOS.
El camino que el Señor Jesús ha establecido delante de mí es como una luz resplandeciente que brilla más y más hasta un día perfecto. Estoy muy atento a la Palabra de Dios e inclino mi corazón y mis oídos a Su Palabra. No se apartan de mis ojos sino que la mantengo en medio de mi corazón. Porque Su Palabra es vida para mí y me da salud a todo mi ser.

Si no has recibido a Jesús tú Señor simplemente has la siguiente oración creyendo en tu corazón y Cristo será su Salvador:
Padre Celestial, vengo a ti en el nombre de Jesús. Tu Palabra dice: «Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo» y «que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Hechos 2:21; Romanos 10:9). Dijiste que sería salvo cuando el Espíritu Santo venga a morar en mí y me haga nacer de nuevo (Juan 3:5-6, 15-16; Romanos 8:9-11), y que si te lo pido, seré lleno del Espíritu y podré hablar en otras lenguas (Lucas 11:13; Hechos 2:4).
Confío en tu Palabra. Confieso que Jesús es el Señor y creo en mi corazón que lo resucitaste de entre los muertos. Gracias por entrar a mi corazón, por 0darme tu Santo Espíritu como lo prometiste y por ser el Señor de mi vida. Amén.

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